sábado, 9 de mayo de 2009

Aquella noche en la que me dejaste


"Las historias de amor que matan, no mueren nunca"



Al filo de la medianoche, tarde como siempre, llegué al lugar donde habíamos quedado. No estaba muy iluminado, pero se podía escuchar el rumor de gente en los bares y terrazas, así que, no era posible pensar que aquella era una zona alejada.

Una sombra salió de uno de los pocos coches aparcados en aquel paraje, dirigiendose hacia mi con paso ligero y sosteniendo algo entre las manos.
Decidí respirar profundamente asemejando cierta calma y naturalidad, aunque la realidad es que, únicamente me esforzaba en acordarme de respirar.

"Creia que ya no vendrías, ¿que te ha pasado esta vez?".- exclamó dulcemente una voz masculina.

Para mi Pedro era una especie de remanso de paz, frente a un mundo en el que, todo me resultaba demasiado complejo y difícil.
Desconocía las razones pero, mi naturaleza estaba inclinada a estar en problemas e implicada en constantes contradicciones.
Quería una vida normal pero, parecía una especie de imán para los embrollos y las oscuridades.
Por eso, me gustaba rodearme de gente simple; de personas para las que la vida fuese un cálido paseo por una vereda.
Y Pedro era así.

"Lo siento cielo", - mascullé sonriendo- "Andaba haciendo cosas y cuando vi la hora que era pensé en llamarte pero entonces no encontraba el móvil, y...decidí venir directamente..
Además, sabía que estarías esperandome"..

Sus brazos me acogieron en un abrazo tierno y algo ansioso...

- "Te he llamado un montón de veces pero como no me lo cogías, pensé que no ibas a venir" - dijo mientras me mostraba una rosa blanca envuelta en plastico y lazos verdes.

Cogí delicadamente la flor y aspire su aroma, cerrando los ojos, fingiendo deleite, mientras sentia el corazón de Pedro latir con orgullo...
Pedro y su romántica idea de regalarme flores.
Una por cada dia que nos hemos visto, persiguiendo tal vez la idea de tejer un ramo de seis semanas de primaveral estado anímico.

De repente, lo supe.
Aquella rosa en nada se distinguía a las otras frágiles flores con las que, abrigaba Pedro nuestra relación, no era diferente al resto del manto suave y perfumado con que me guarecia de aromas de cambio...
Sin embargo, aquella noche, otro infimo olor demasiado familiar para mi, escondia al aroma dulzón e inocente de los suaves pétalos, y comenzaba a impregnar la solitaria calle en la que nos encontrabamos.

Sonreí triste.
Y miré con intensidad a los ojos de Pedro, que, en su extasis de plenitud se henchia heroico y enamorado, dispuesto a besarme.
Me aparte con un movimiento tan rápido que casi ni pudo verlo.

¿Que te pasa ?- preguntó sorprendido- Esta noche estas muy guapa pero ..te noto, no sé, como fria...¿ es que no te ha gustado el detalle de la rosa?-

Sonreí cansada.
¿Sabes una cosa Pedro?,- dije mientras el aroma pegajoso se expandía tan intensamente que, casi ahogaba al resto de los olores de la noche-" Lo cierto es que aunque no te lo había dicho hasta ahora, las flores me parecen un regalo horrible para halagar a alguien".

El rostro de Pedro intentaba evitar una mueca de desconcierto.

Ya nada olía mas que, a la parte de la fragil corola que se descomponia en mis dedos, envuelta en su nicho de plástico, mientras que el pulso de Pedro seguia un silencioso curso irregular.

"No sé que decir..yo pensé que..." -
" Las flores "- interrumpí ante su torpe proceder- " son la representación mas decrépita y evidente de que, la belleza se marchita, y la vida, aunque bulle palpitante y poderosa, puede ser sesgada en cualquier momento"..
"Lo que estas regalando, mi querido Pedro, no son belleza y vida, sino todo lo contrario."- le dije mientras fuí acercandome a él lentamente hacia su rostro estupefacto.

" Pero, pero yo.. lo siento".- balbuceaba mostrando desolación y sorpresa-

Posé mi mano sobre sus labios por un momento, pidiendole con el gesto que callase.

"Pero no te preocupes Pedro, en realidad tu estupida flor solo me ha recordado que a pesar de nuestros esfuerzos, la muerte nos rodea en cada momento,...¿puedes olerla?- exclamé aspirando teatralmente la flor en el aire del callejón oscuro.

" Creo que estas cansada, cariño..."- sugirió Pedro.- ¿ que te parece si te llevo a mi casa, te preparo una cenita romantica y vemos alguna película tranquilamente en el sofá?-

Aturdida por el fuerte tufo putrefacto que expelía la rosa, comence a buscar instintivamente algo de aire fresco, pero lo único que consiguió distraer mi atención fué el potente olor de las feromonas de Pedro , al que había ido posicionando poco a poco contra la pared durante mi discurso.


Sus ojos claros me observaban desde la inocencia, y sin atreverse a decir nada mas, sin calcular cual seria mi respuesta, me besó.
El callejón se sumió en un túnel rosado de canales y membranas que supuraban fluidos calientes viajando a gran velocidad. Notaba los poros de Pedro cerrandose vertiginosamente mientras que, su acompasada respiración se aceleraba, haciendo que el corazón bombease arritmicamente.

Cuando se separó de mis labios, tan solo acertó a titubear un Te quiero Mucho desafinado.

Ni siquiera me molesté en sonreir.
"Maldita sea, otra vez."
De nuevo estaba en la misma situación, como un endiablado bucle del que me era imposible escapar. Y ante el que solo se podía hacer una cosa: continuar con lo que había empezado.

"¿Que te pasa? - murmuró atónito Pedro- Esta noche estas tan rara....y tu mirada...pareces una extraña...Por favor, dime que me perdonas por lo de las rosas, es una tonteria que nos enfademos por algo asi, ¿no crees?"

" Mi dulce Pedro...- simulé suspirar recorriendo su espalda con mis uñas- dime una cosa, siempre dices que me quieres pero...hasta cuando crees que te durará ese amor que sientes hacia mi?
El amor sufre de caducidad mientras vive, y aunque intentes aferrarte a el, cada dia que pasa, estamos mas cerca del tedio que de otra cosa.."

Pedro tenía los ojos muy abiertos, y mientras tragaba saliva estruendosamente, sus facciones se iban cristalizando en una mueca de incredulidad y miedo.
" Que estas diciendo...que....no entiendo..."

Antes de que ni siquiera pudiese decir nada mas, me acerqué con los labios hasta su oreja y fuí susurrando lentamente a lo largo de su cuello:
" Es extraño pero, a pesar de todo lo que haces por mi y de que me dices constantemente que me amas, no te creo. Ni a ti, ni a ninguno de los otros que hubieron antes que tu. Vuestro ridiculo amor del que tanto presumis siempre acaba por agotarse de aburrimiento.
Ahora crees que estas muy seguro de lo que sientes pero, con el tiempo terminaras dejandome, y eso, mi querido Pedro no puedo permitirlo. "

Para entonces Pedro ya estaba hipnoticamente bajo mi influencia, y sus brazos habian dejado de abrazarme. Ahora era él quien yacía entre los mios.

" Todos os empeñais en convencerme de vivir el amor a vuestra manera, pero os engañais no haciendo mas que atrasar inútilmente el momento del final un poco mas.. Esta noche por fin me he dado cuenta que, nuestra relación no podía avanzar mas de la manera en la que estabamos, asi que....voy a hacer algo para que estemos juntos de verdad."

La descolgada boca de Pedro derramaba un hilo de baba, mientras sus ojos desorbitados contemplaban con horror como todas las articulaciones estaban totalmente paralizadas.

- " Uhmmmm....puedo oler tu miedo..cariño..pero no debes tenerlo si me quieres como dices..porque voy a hacer lo mejor para los dos. Voy a hacer que nuestro amor sea realmente para siempre".- soltando una risita para si misma- " Te prometo que no te dolerá"

Un chasquido resonó levemente, como un latigazo sobre el asfalto en medio del callejón perdiendose en la noche. Sobre las húmedas baldosas de la calle, Pedro aspiraba trabajosamente el aire entre estertores, empapando con su sangre toda la acera.

Su cuerpo se desangraba con tanta rapidez, que podia advertir con claridad como la palidez le invadia y entre convulsiones , como iban paralizandose los órganos al detenerse el paso del torrente sanguineo, mientras el halo termico se apagaba como luz de gas.

Justo antes de que se produjese la total rigidez, me acerqué a sus ojos en blanco y me despedí con un beso en la enjuta frente:
" Las historias de amor que matan, no mueren nunca"

Mezclandose con los rumores ajenos y risas provenientes de los bares cercanos, una silenciosa silueta con forma de mujer se alejaba sin dejar el menor rastro por la oscura calle .

Entre sus garras sostenia un corazon que aun sangraba.

2 comentarios:

Hadanochera dijo...

Lo que anda por tu cabecita es asombroso...y encima escribes bien¡¡

Nodralba dijo...

Uhmmmm..Gracias por el piropo, sobretodo viniendo de un hada con tantos talentos como tu...supongo que al final el mérito será de nuestros "hados" o de nuestros genios encerrados en una botella listos para ser descorchados...