martes, 17 de noviembre de 2009

De aquel dulce y extraño dia


( Brugge 2008)


¿Es posible vivir sin interferir?
Recordarse frecuentemente para no olvidar…

(piece of paper, Brugge)



La plaza estaba bullendo llena de visitantes que, la recorrían deleitándose con sus magnificas torres medievales enmarcando una mañana casi primaveral y soleada, a pesar de estar en febrero.
Decenas de cámaras fotográficas, atrapaban un sol resplandeciente que se filtraba en las vetustas calles de Brujas, dotándola de una luz mágica a sus ya de por si míticas edificios e iglesias, y convirtiendo a la ciudad de cuento en un entorno de leyenda.
- "Es un día de lo más insólito".-

Mi flequillo se mecía suavemente justo encima de una ración de patatas fritas con salsa andaluza que sostenía entre mis manos, mientras disfrutaba extasiada de mi breve parada en los escalones de la plaza de Brujas para tomar aliento antes de seguir el recorrido de la ciudad encantada.
El clima belga nos había dado una rendida tregua pues, por lejano que pareciese ahora mismo, desde los últimos cinco días no había hecho más que llover y caer agua-nieve, dificultando mi vuelta al albergue diariamente, pues mis escasas ropas no llegaban a secarse totalmente para salir de excursión al día siguiente.
Ni mis botas tampoco, por supuesto.

Y mientras comía, disfrutaba de los milagrosos rayos de sol, escuchaba el arrullo de las decenas de turistas haciendo fotos, y pensaba que por fin, hoy podría descansar con la seguridad de una ropa seca para el día siguiente, abrí los ojos sonriendo.
Y justo delante de mí, en la escalinata de la plaza de Brujas, se encontraba un anciano bastante alto, bien parecido, con un largo abrigo gris, que también me sonreía.

Le devolví la sonrisa con un tímido “Bonjour “, a lo que él me correspondió con:
-“En verdad que, es un buen día el de hoy para los dos”.-

Lo cierto es que, sus palabras en español fueron como los rayos de sol de aquella mañana invernal, algo inesperado pero tan cálido y reconfortante, que casi pareciera que las estuviera esperando.
- ¿Español?- le pregunté - ¿de que parte?
- “De la España que ha cambiado tanto que olvidó ya cual era su rincón en concreto”.- me respondió mirándome con unos extraños ojos azules, y sin dejar de sonreírme.

“Y por lo que veo jovencita tu también vienes de lejos, recorriendo muchas ciudades y disfrutando de la experiencia de alejarse de lo conocido, para conocerse a sí mismo”

Al ver mi cara de desconcierto y curiosidad mientras asentía, continuó: “Tu viaje no acaba aquí, porque aún tienes muchas preguntas por descifrar, pero sigues el camino correcto”.

Metió una mano en uno de los bolsillos de su abrigo gris, y después me la tendió amigablemente, a lo que correspondí tendiéndole la mía, tras depositar la bandeja de patatas en uno de los escalones.

“Aunque eres muy valiente, puede que algún día, te sientas perdida y necesites algo de ayuda. Cuídate jovencita y suerte en tu camino”, me deseó mientras se mezclaba lentamente con la muchedumbre que se había concentrado a las puertas de la torre para visitarla..

Abrí la mano y en ella me encontré un papelito doblado con unas letras escritas en castellano. Al leerlas, miré al cielo sin comprender bien lo que había ocurrido, sin saber exactamente que hacer con todo aquello…

- Este es un día de lo más insólito..- repetí sonriendo.

Al menos, asumí que algo extraño acababa de sucederme pero de lo que no fui consciente era de que, este encuentro que parecía fortuito y sin mucho sentido, no era casual, y que, en un tiempo comprendería lo trascendental que resultaría para mi vida.

2 comentarios:

Jessica I.C dijo...

Los angeles aparecen donde menos los esperamos

Nodralba dijo...

Y de las hadas mejor ni hablamos....plas plas bate palmas!!!!